Volver al sabor. Volver a lo sano.
Descubrí
El nombre no es casualidad. En el predio donde elaboramos nuestros quesos crecen los árboles de piquillín — una planta nativa del monte cordobés, de raíces profundas y frutos simples que el campo regala desde siempre. Ese árbol es nuestra identidad: discreta, verdadera y ligada a esta tierra.
Más del 80% del proceso es trabajo manual. Usamos leche fresca de tambos locales, sin conservantes, sin colorantes, sin ningún agregado químico. Respetamos los tiempos naturales de maduración y seguimos las recetas de siempre. No porque sea tendencia, sino porque es la única forma en que sabemos hacerlo bien.
"Quesos como los de antes": puros, naturales y con el sabor que el campo sabe dar.Conocé cómo los hacemos
Cada variedad se elabora con leche fresca de tambos locales y fermentos naturales. Sin conservantes, sin colorantes, sin ningún agregado químico. Solo leche, tiempo y trabajo artesanal. Nada más. Así era antes, así es hoy.
Pasta blanca y mantecosa, elaborada con leche fresca de tambo local. De esos quesos que te recuerdan al almuerzo de los domingos en casa de la abuela. Simple, honesto y delicioso.
Elaborada con masa propia para mozzarella, no a partir de otros quesos remanufacturados como hacen los industriales. Pasta hilada artesanalmente, sin conservantes. Se funde con una cremosidad y sabor que el proceso industrial no puede igualar.
Corteza roja, pasta semidura con ojos uniformes y ese sabor suave que conquista a todos. Hecho con tiempo y con manos. El queso que nunca falla en la mesa.
Pasta blanda, uniforme y de sabor delicado con un leve toque ácido natural. Sin corteza, suave al corte y al paladar. Elaborado sin apuros, con leche fresca y el cuidado que merece un queso genuino.
La reina de la parrilla. Pasta hilada, condimentada únicamente con aceite de oliva y albahaca. Dorada por fuera, cremosa por dentro. Una provoleta artesanal, con sus ingredientes justos, tiene un sabor que ninguna fábrica puede reproducir.
Pasta dura, mínimo 45 días de estacionamiento natural. Cada día de maduración suma carácter y profundidad. Para rallar sobre pastas o comer en lonjas finas con un Malbec. El tiempo habla en cada bocado.
Forma rectangular, pasta semidura con pequeñas cavidades y sabor equilibrado. Versátil y honesto, ideal para el desayuno, la vianda o una tabla bien armada. Un queso artesanal para el día a día.
Hierbas y especias reales incorporadas durante la elaboración, no agregadas después. Cada sabor es una forma distinta de sentir el campo en el paladar. Una línea que nació de la curiosidad y se quedó por el sabor.
Todo empieza cerca. La leche proviene de tambos de la zona, fresca y de calidad certificada: bajo recuento bacteriano, libre de enfermedades zoonóticas y libre de antibióticos. Sin tratamientos industriales innecesarios. Conservamos los nutrientes, los aromas y la vida que la industria elimina.
Usamos cuajo natural y fermentos seleccionados. El proceso se controla con la mano y la experiencia, no con máquinas. Así fue siempre. Así sigue siendo.
Cada horma se trabaja manualmente. El prensado es lento y gradual, respetando la textura que cada variedad necesita. No hay forma de apurar esto sin perder calidad.
El queso entra en salmuera y descansa el tiempo que cada variedad necesita — días, semanas o meses. Un queso sin la maduración adecuada no desarrolla completamente su sabor ni su calidad. No hay atajos. En ese silencio tranquilo del campo se define el sabor verdadero.
Si querés llevar a tu mesa quesos 100% naturales, sin conservantes ni químicos, elaborados con leche fresca y tiempo de campo, estamos acá. Hacemos envíos en la zona o retirás en la estancia. Escribinos sin compromiso.